Fiesta Graduación PROMOCIÓN 16/17

Fiesta Graduación PROMOCIÓN 16/17

Scroll

El sábado 10 de junio se celebró, en el auditorio, la fiesta Graduación de la Promoción 16/17. Después, disfrutamos de un delicioso lunch y música a cargo de un DJ.  La fiesta fué un éxito y todos disfrutamos de este día tan emotivo y especial.

Desde el colegio queremos felicitar a todo el alumnado que ha completado su trayectoria en el colegio y desearles muchísima suerte en su nueva etapa.

DISCURSO DEL DIRECTOR (JOHN PHILLIPS):

Hace tres años, en este escenario y en esta misma ocasión, hablé de la vida del escritor en lengua inglesa, Joseph Conrad. Con vuestra edad ‒alumnos y alumnas, o, quizás, debería decir exalumnos y exalumnas‒desconocía su obra; la conocí en la universidad, a manos de Peter Kemp, excelente profesor que luego dejaría el mundo académico para convertirse en editor literario del periódico, The Times, un puesto influyente en la vida cultural británica.

En el caso de Conrad, el escritor que me ocupa esta tarde, su obra estaba a caballo entre el siglo XIX y el XX, y, como consecuencia, podríamos pensar que la temática que abordó en sus novelas sería trasnochada, que no tendría relevancia para nosotros, para nuestro mundo y para nuestro tiempo. Sin embargo, entre otros, trató temas que, por desgracia, siguen siendo vigentes: el terrorismo, por ejemplo.

Una de las obras que tuve que leer, con cierto detenimiento, fue el “Corazón de las tinieblas”, “The Heart of Darkness”, cuya final no voy a desvelar por no ensombrecer esta ocasión, esta tarde. Lo que sí quería tratar son ciertos aspectos de esta breve obra, que en algunas ediciones no ocupa ni cien páginas.

Marlowe, el narrador de casi toda la historia, es marinero, como había sido el propio Conrad. Se queda sin trabajo, marinero en tierra, y comienza a inquietarse: su vida y profesión están íntimamente ligadas a la mar y no tiene costumbre de permanecer en tierra seca durante mucho tiempo. Con dificultad, y con la ayuda de un familiar, consigue un empleo en África, a cargo de un barco de escasa eslora y tonelaje, que se encuentra en unas condiciones lamentables, algo irrisorio para un excelente marinero como Marlowe, pero, no obstante, a la vez un reto.

A su llegada al continente africano, constata los efectos devastadores del colonialismo ‒la novela es un feroz alegato contra la brutal explotación de países todavía no desarrollados y una defensa de los derechos humanos‒.

Como inciso, recordemos que vosotros y vosotras también os interesasteis el curso pasado por este tema, con notable resultado, como pudimos comprobar en el reportaje Zauriak, dentro del País de los Estudiantes.

Como decía, Marlowe constata el expolio, la rapiña, la degradación y el quebranto físico y moral que padecen los europeos al llegar a tierras africanas, a un clima tórrido que resulta insoportable para la inmensa mayoría. Hay empleados que no duran más de tres o cuatro meses, que contraen enfermedades tropicales indefinidas y que desaparecen de la faz de la tierra sin dejar rastro alguno.

Es en este ambiente y este clima que Marlowe tiene que bregar, que ha de poner la embarcación a punto para afrontar el viaje al nacimiento del río, en busca de un tal Kurtz, empleado de la empresa, que parece haberse desnortado, sobre el que corren rumores inquietantes, preocupantes.

¿Y qué es lo que le salva a Marlowe de los achaques mortíferos y de la ambición sórdida que envuelve a los demás europeos? Es el ejercicio y desempeño profesional que le pone a salvo, que le protege. Le falta tiempo para acometer los arreglos que precisa el navío, tiene que buscar piezas y poner el barco en condiciones; quedarse a medio camino, incomunicado, en medio de la selva, resultaría mortal. Así que se esmera, aplica todo su saber, emplea todo el rigor y diligencia posible, como consumado profesional que es. Hacia el final de la novela, cumple su cometido, gracias a su buen hacer, el trabajo concienzudo y responsable, el empeño.

Otros escritores británicos difícilmente hubiesen podido escribir una obra como ésta, difícilmente hubiesen puesto en valor el trabajo, como uno de los ejes que, sin duda, conforman nuestra personalidad e identidad, un factor que, con la repetición y práctica, activa y determina los caminos y senderos neuronales que hacen de la mente de cada uno y una de nosotros, único, irrepetible. Dickens, por ejemplo, jamás hubiera escrita una obra como ésta —recordemos su denuncia de la explotación infantil—, ni George Orwell, que más tarde denunció las condiciones laborales en las minas de la Inglaterra de los años veinte y treinta. Sin embargo, eso es lo que hace Conrad, ensalza el ejercicio profesional como elemento que alumbra la oscuridad, que nos protege y que constituye una vía de realización personal.

Sobre el mundo laboral ‒lejos del tiempo en el que escribía Conrad y la era industrial‒ al que vosotros os tendréis que enfrentar en un futuro no tan lejano, cierne cierta incertidumbre. Evidentemente, la formación académica y humana jugará un papel determinante en vuestro futuro y vuestro futuro éxito. Para alcanzarlo, tendréis que trabajar duro, poner el mismo empeño y mostrar la misma diligencia que Marlowe, en la obra de Conrad. Tendréis que mostrar destreza y, al mismo tiempo, flexibilidad.

Como podéis ver, la moraleja de la obra me parece aplicable a vuestras futuras vidas. Y, por otro lado, y aun a pesar de los años transcurridos desde el fallecimiento de Conrad, quizás vuestros destinos no sean tan diferentes del suyo. Porque, como comenté en 2014, no había nacido como Joseph Conrad ni ‒a pesar de convertirse en escritor insigne en lengua inglesa‒ tuvo el inglés como lengua materna. No, nació en lo que era por aquel entonces Polonia, la actual Ucrania, con el polaco como lengua materna. Surcó los siete mares y es solo poco a poco que se fue concienciando profesionalmente, que se fue adquiriendo pundonor profesional. Como a vuestra edad, no tenía ni idea de lo que le vendría después: no sabía que escribiría obras maestras, obras cumbres de la literatura en inglés, en una lengua que, por aquel entonces, desconocía.

Me pregunto en qué lenguas tendréis que trabajar en el futuro, en qué países viviréis, qué culturales tendréis la oportunidad y la gran fortuna de conocer. ¿Y quién sabe el grado de empeño y profesionalidad que tendréis que emplear en vuestras profesiones, de los cambios tecnológicos a los que estaréis sujetos, que os afectarán en el futuro? ¡Cuánto porvenir y cuánto por venir! ¡Cuánto optimismo puede inspirar el futuro, aun en los convulsos tiempos que corren!

En nombre de todos los que estamos aquí, celebrando vuestra promoción y paso hacia estudios superiores y el posterior desempeño profesional, os deseo toda la suerte posible, all the very best of luck and good fortune.